
Detrás de cada graduado, hay una historia de sacrificio y amor
«Ella es mi vida, mi sacrificio, mi fortaleza. La quiero, la amo y siempre estaré con ella pese a las circunstancias que puedan existir. Nunca la voy a dejar.»
— Priscila Vargas
Con esas palabras, Priscila Vargas resumió lo que muchas madres vivieron durante años. El pasado viernes 24 de abril, la Universidad para el Desarrollo Andino — UDEA — celebró su ceremonia de graduación, un evento que, más allá de los birretes y las togas, fue el escenario de historias profundamente humanas.
Priscila es mamá de Sheyla Aparco Vargas, nueva bachiller de la carrera de Educación Inicial y Bilingüe. Y así como ella, varias madres de familia también estuvieron presentes en la graduación, acompañando a sus hijos en uno de los momentos más importantes de sus vidas.

Pero la historia de Priscila tiene un vínculo especial con la UDEA: ella misma es egresada de esta universidad, donde estudió Ciencias Agrarias. Gracias a esa formación, hoy ejerce como docente de Ciencia y Tecnología. Dos generaciones formadas en la misma casa de estudios.
La UDEA fue fundada en 1998 por la Asociación San Javier del Perú, bajo la dirección de la madre Luz María Álvarez Calderón Fernandini, con el objetivo de brindar educación de calidad a jóvenes de las zonas altoandinas del Perú. Es la primera universidad bilingüe del país, en quechua y castellano. En su testimonio, Priscila recordó con especial cariño a la madre Luz María: «Siempre yo le agradezco, gracias a ella también yo trabajo», afirmó. También agradeció a la universidad por el soporte brindado y por ayudar a sus estudiantes a crecer como profesionales.
Detrás de la alegría del día de la graduación hay años que no se ven en las fotos. Priscila es madre soltera y asumió sola la responsabilidad de apoyar a Sheyla durante toda su carrera. Eso significó noches largas, jornadas dobles y la carga de sostener un hogar mientras su hija estudiaba. Con un hijo menor de 5 años en casa, cada día era una ecuación difícil de resolver. Aun así, nunca dejó de estar presente.
Sheyla, por su parte, no se quedó atrás. Estudió en turno tarde, combinó las clases con el trabajo y las labores del hogar, y se quedaba hasta altas horas terminando sus trabajos académicos. Madre e hija se apoyaron mutuamente, «Ella ha sido mi apoyo», dijo Priscila, con esa sencillez que solo tienen las palabras verdaderas.
«Yo a los 33 años recién empecé a estudiar. Actualmente tengo tres carreras. A pesar de las dificultades, siempre debes seguir adelante.»
— Priscila Vargas
Su consejo para Sheyla fue directo y cargado de experiencia propia: «Eres joven, tienes 23 años y tienes mucho por delante. Con tu esfuerzo serás mejor que yo.» Este fue el mensaje de una mujer que empezó tarde, que lo hizo sola, y que hoy puede decir que valió la pena.
Y así como el caso de Sheyla, hay otras madres que también estuvieron presentes ese día cargando años de sacrificio en la mirada. Mayeli, otra de nuestras graduadas, lo resumió con una frase sencilla y poderosa: «Es un logro bastante bueno para mí y para mi mamá, quien me ha apoyado. Para ella fue una alegría enorme. Es el esfuerzo que las dos hemos dado.»
«Recuerdo a la niña que ingresó a la universidad, no tenía conocimientos de la carrera. Agradezco a los docentes que me han brindado saber. He salido con muchos conocimientos. Soy más madura, eso es lo que se ha creado en mí.»
— Mayeli, Licenciada de Educación Inicial y Bilingüe

El momento que más la marcó fue la sustentación de su tesis, el punto al que llegó después de cinco años de carrera. «Sacar el título me hace trazarme más metas. El haber estudiado Educación Inicial como primera carrera me abre muchísimas puertas», afirmó. Y antes de terminar, tuvo palabras para su mamá: «Sabes que te quiero mucho, eres mi inspiración. Eres la que está ahí a pesar de lo que soy, porque hija perfecta no lo soy, pero estoy en ese camino. Te amo mamá.»
En su discurso de graduación de ese viernes lo dijo con claridad: graduarse no es solo obtener un título, es el acto de aceptarse en todas las versiones de uno mismo — la que no logró aprobar un examen, la que quiso rendirse, y la que finalmente está sentada con la toga puesta.
El mensaje para quienes vienen detrás también fue claro, de parte de Mayeli: «No se rindan. En el camino habrá muchos obstáculos, pero es parte de. No te rindas, sigue adelante y sé valiente. No permitas que las voces de otras personas apaguen tu brillo.»
La graduación del viernes 24 de abril fue eso y mucho más. Fue el punto visible de procesos que comenzaron en silencio, en casas donde alguien madrugó, donde alguien se quedó sin dormir, donde alguien decidió seguir a pesar de todo. Por cada birrete que se lanzó al aire ese día, hay una historia que merece ser contada. Felicitaciones a todos los nuevos bachilleres y maestros de posgrado, y gracias a las familias que estuvieron ahí, en cada paso del camino.
El mensaje de nuestra directora ejecutiva
Linda Cossío, directora ejecutiva de la UDEA, también tuvo palabras para los graduados en este día especial. Su mensaje conectó directamente con los valores que distinguen a esta universidad: la interculturalidad, la diversidad y el compromiso con las comunidades.

«La interculturalidad ha sido un pilar fundamental en su formación. Cada uno de ustedes ha traído su historia, su cultura y sus tradiciones, enriqueciendo el aprendizaje y fomentando un ambiente de respeto y colaboración. Es en esta diversidad donde se encuentra la verdadera fuerza para enfrentar los desafíos que el futuro les depara.»
— Linda Cossío, Directora Ejecutiva de la UDEA
Cossío recordó que la educación es un motor de desarrollo que no solo transforma vidas individuales, sino también las de las familias y las generaciones que vienen. «Hoy están listos para ser agentes de cambio, capaces de influir positivamente en sus entornos», afirmó. Y cerró con una invitación clara: «Sigan soñando, sigan pensando en grande, con firmeza y dedicación.»
Esta ceremonia reunió a los bachilleres de las distintas carreras de pregrado de la UDEA, y marcó además un hito histórico para la universidad: la graduación de su primera promoción de posgrado, maestros que culminaron su especialización y que desde hoy asumen, con mayor profundidad, la responsabilidad del conocimiento. Un doble motivo de celebración para una institución que sigue creciendo junto a su comunidad.

El espíritu intercultural de la UDEA
La ceremonia también contó con la presencia de una voz que viajó desde el otro lado del mundo. El Dr. Paolo Furia, filósofo italiano, visitó la UDEA y compartió sus impresiones sobre lo que encontró en esta universidad que, desde su fundación, lleva la interculturalidad como bandera.
Su llegada no fue casual. La UDEA mantiene un convenio de intercambio con su institución en Italia, a través del cual se espera que estudiantes interesados puedan postular para pasar algunos meses en ese país y conocer de cerca otra cultura. Una oportunidad concreta que la universidad pone sobre la mesa.

«Lo que más me gustó fue la posibilidad de apreciar los paisajes andinos, tan similares y tan diferentes de los Alpes, de donde soy originario. Y la posibilidad de hacer un verdadero intercambio: hablar con estudiantes y profesores locales, muy interesados en mis experiencias de vida, mientras que para mí es muy interesante la vida de los profesores locales. Ese es el espíritu del intercambio cultural.»
— Dr. Paolo Furia
El Dr. Furia se despidió con unas palabras dirigidas directamente a los graduados: «A los que se están graduando, mis felicitaciones. Es importante lo que han logrado, deben estar contentos de terminar sus estudios. Buena fortuna.»



