
UDEA lleva la papa biofortificada a las familias de Pongos Grande
Lo que empezó como una jornada de cosecha en Pongos Grande terminó siendo una muestra de cómo la investigación universitaria puede convertirse, surco a surco, en una respuesta a la anemia infantil altoandina.

El 6 de julio, la comunidad de Pongos Grande, ubicada en el distrito de Ccochaccasa, fue escenario de una jornada que combinó trabajo de campo e investigación aplicada. Estudiantes y docentes de la Escuela Profesional de Ciencias Agrarias de UDEA se sumaron a productores locales para llevar a cabo la cosecha de papa biofortificada, una variedad que forma parte de las líneas de investigación e innovación agraria que impulsa la Escuela en beneficio de la agricultura familiar altoandina.
La actividad estuvo liderada por la investigadora principal, Mg. Magdalena Huamán Arango, junto a los co-investigadores Sonia Condori Benito, Rubén Tito de la Cruz y Fredy Lizana Guzmán, quienes acompañaron a los estudiantes durante toda la jornada de campo, desde la revisión de los surcos hasta la selección de los tubérculos.
Una papa con más hierro y zinc, frente a un problema que persiste
La papa biofortificada, desarrollada por el Centro Internacional de la Papa (CIP), se diferencia de las variedades convencionales por su mayor contenido de hierro y zinc, dos micronutrientes esenciales para el desarrollo infantil. Esta característica cobra especial relevancia en zonas como Pongos Grande, donde la papa constituye uno de los alimentos de mayor consumo diario y donde, al mismo tiempo, persisten altos niveles de anemia y desnutrición infantil, una problemática que afecta de forma particular a las comunidades rurales altoandinas del país.
Incorporar esta variedad a la dieta habitual de las familias productoras no implica cambiar sus costumbres alimentarias, sino fortalecerlas: se trata del mismo cultivo de siempre, pero con un valor nutricional adicional que puede marcar una diferencia real en la salud de niñas y niños de la zona.
Durante la jornada, el equipo de investigación hizo entrega de tubérculos de papa biofortificada a los productores participantes, con el objetivo de que puedan incorporarlos progresivamente a su producción y consumo. Esta entrega no fue un gesto simbólico: representa el cierre de un ciclo de investigación que comienza en las parcelas experimentales y en las aulas de la Escuela de Ciencias Agrarias, y que solo cumple su propósito cuando llega a manos de quienes trabajan la tierra todos los días.

Ahí radica, precisamente, el valor de actividades como estas, en el vínculo directo entre la universidad y la agricultura familiar. La investigación agraria, cuando se queda en el papel o en el laboratorio, tiene un alcance limitado; cuando se traslada al campo, junto a los productores, se convierte en una herramienta capaz de ayudar en la seguridad alimentaria y nutricional de comunidades enteras.
La jornada cerró con una degustación de la papa cosechada, compartida entre estudiantes, docentes y productores de la comunidad. Fue un cierre sencillo, pero cargado de significado: alrededor de esa mesa improvisada en medio del campo, todos probaron el resultado concreto de un trabajo conjunto que empezó como un proyecto de investigación y terminó logrando el resultado inicial, ser el alimento para la comunidad.

Para la Escuela Profesional de Ciencias Agrarias de UDEA, experiencias como la de Pongos Grande reafirman el sentido de su labor investigativa: acercar la ciencia a quienes más la necesitan, y hacerlo de la mano de las propias comunidades.



