
La papa que combate la anemia: así nació la biofortificación con hierro en los Andes
«En zonas donde hay alto consumo de papa, pero también alta prevalencia de anemia, hay un gran potencial de que al consumirla ayude a disminuir dichas deficiencias.» — Dra. Gabriela Burgos, Centro Internacional de la Papa.
Desde la Universidad UDEA no solo nos acercamos a este proyecto como observadores: somos parte de él. UDEA viene colaborando de manera estratégica con el Centro Internacional de la Papa (CIP) conduciendo una parcela demostrativa en la que se comparan las papas biofortificadas con las variedades que ya se consumen en la zona, un paso clave para empezar a promocionarlas entre los agricultores andinos. En ese marco, conversamos con la Dra. Gabriela Burgos, investigadora asociada del CIP con más de 20 años dedicados al mejoramiento nutricional de la papa en los Andes, para entender de primera mano qué hay detrás de este proyecto y por qué importa

¿Qué es una papa biofortificada?
La pregunta parece técnica pero la respuesta es concreta. Según la Dra. Burgos, «una papa biofortificada con hierro es una papa que tiene una cantidad de hierro biodisponible significativamente mayor que las papas comerciales». El énfasis está en esa palabra: biodisponible. No se trata solo de que la papa tenga más hierro en sus células, sino de que ese hierro sea aprovechable por el cuerpo humano cuando la persona la consume.
Esto se logra a través del mejoramiento convencional, un proceso de selección y cruce de variedades que no implica ningún tipo de modificación genética. Es, en esencia, el mismo método que los agricultores y científicos han usado durante siglos para mejorar los cultivos, aplicado ahora con precisión nutricional.
¿Por qué la papa y no otro alimento?
Aquí es donde el proyecto se vuelve especialmente interesante. Durante años, la ciencia asumió que el hierro de origen vegetal era de baja calidad y difícil de absorber. La Dra. Burgos y su equipo decidieron ponerlo a prueba directamente en humanos, trabajando con mujeres de Huancavelica. El resultado fue inesperado.
«Sorprendentemente hemos encontrado que el hierro de la papa se absorbe en mayor proporción que el hierro de las legumbres, de los cereales. Esto es porque la papa tiene alto contenido de vitamina C, pero principalmente porque casi no tiene fitatos.»— Dra. Gabriela Burgos, Centro Internacional de la Papa
Los fitatos son compuestos naturales presentes en cereales y legumbres que bloquean la absorción del hierro en el intestino. La papa, a diferencia de esos alimentos, casi no los contiene. Y encima tiene vitamina C, que actúa como un potenciador de la absorción del hierro. Una combinación que nadie esperaba encontrar con tanta fuerza en un tubérculo tan cotidiano.
Las dos primeras papas biofortificadas del mundo
Perú no solo participa en este esfuerzo: lo lidera. El país cuenta con las dos primeras variedades de papa biofortificada con hierro registradas oficialmente en el mundo. La primera es la Puka Yawri, llamada «la roja de hierro» por su piel rojiza característica. La segunda es la Kallpa Yawri, cuyo nombre significa «la fuerza de hierro». Ambas nacieron de años de trabajo en laboratorio y campo, y ambas están hoy llegando a manos de agricultores andinos.

Más allá de su valor nutricional, estas papas tienen algo igual de importante: funcionan bien en el campo y saben bien en el plato. Son resistentes a la rancha, la enfermedad fúngica que más daño hace al cultivo de papa en los Andes, y pasaron con nota los estudios sensoriales. Como lo dice la propia Dra. Burgos, «no es algo que sabe feo, que sabe diferente. Son hermanitas de las que ya se consumen en la zona».
UDEA en el corazón del proyecto
La Escuela Profesional de Ciencias Agrarias de la universidad viene trabajando de la mano con el CIP en una parcela demostrativa instalada en la comunidad de Pongos Grande, donde se comparan las variedades biofortificadas con las papas que los propios agricultores ya conocen y cultivan. El objetivo es claro: que la comunidad vea con sus propios ojos el rendimiento, la resistencia y las posibilidades de estas papas antes de adoptarlas.

En ese proceso, la participación activa de los productores de Pongos Grande es parte central del enfoque. No se trata de llegar con una solución empaquetada, sino de construirla junto a quienes van a sembrarla y consumirla. Así lo entiende también la Ing. Magdalena Huamán, Directora de la Escuela Profesional de Ciencias Agrarias, quien desde UDEA subraya que esta alianza entre la universidad, el CIP y la comunidad refleja un compromiso con la innovación agraria desde una perspectiva territorial y participativa, donde la seguridad alimentaria y la nutrición comunitaria son el horizonte compartido.
Una solución que ya tenemos, solo hay que usarla
Quizás lo más poderoso de este proyecto es lo que señala la investigadora al reflexionar sobre el origen de la solución: «muchas veces estamos pensando que solamente podemos encontrar una solución en los suplementos, pero también lo tenemos ya en la biodiversidad que nosotros tenemos como parte de un país súper megadiverso». Hay que mirar lo que ya existe, y tener la voluntad de llevarlo a quienes más lo necesitan. Eso es exactamente lo que UDEA y el CIP están haciendo en Pongos Grande. Y la aspiración es que no se quede ahí.
La entrevista completa con la Dra. Gabriela Burgos está disponible en nuestro canal de YouTube. En sus palabras está el detalle de dos décadas de trabajo que podrían cambiar la forma en que el Perú enfrenta la anemia.
Te invitamos a ver la entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=fGRGeEHUE-M
