
«Soñar en Grande: La Historia de Miguel Tapia, el Primer Estudiante Sordo de Posgrado en la UDEA»
Miguel Tapia es arequipeño, amante de la lectura y hace poesía para la comunidad sorda. También es maestrante en Educación Inclusiva en la Universidad de los Andes, y el primer estudiante sordo en cursar un posgrado en la institución. Su historia habla de perseverancia, pero también del poder que tiene una universidad cuando decide acompañar de verdad.
Miguel estudió en una escuela para personas con habilidades especiales, dándose cuenta en una etapa temprana de que había mucho por mejorar en el sistema. En aquellos años, la Ley N° 29535 que otorga reconocimiento oficial a la Lengua de Señas Peruana aún no existía, y con ella, tampoco la protección que hoy respalda a jóvenes como él. La mayoría de sus profesores tenía apenas un conocimiento básico de LSP, lo que hacía que el aprendizaje fuera frustrante. «En mi inicial no sentí que aprendí mucho», recuerda. En secundaria, los contenidos que recibía correspondían a niveles mucho más básicos de lo que le correspondía. «Sentía que iba a pasar el rato nada más», confiesa.
Esa frustración, lejos de frenarlo, se convirtió en motor.
Cuando Miguel postuló a la maestría, la UDEA contrató a una intérprete de Lengua de Señas en cumplimiento de la Ley N° 29535, garantizando así su derecho a aprender en su lengua materna. La asignada fue Astrid Martel, con quien Miguel ya venía trabajando desde el pregrado: una dinámica construida con años de esfuerzo compartido que llegó a la UDEA ya consolidada.
Porque los inicios no fueron fáciles. En aquella primera etapa universitaria, en otra institución, el ritmo del aula no esperaba. «Nos retrasábamos y teníamos que volver a repasar después», recuerda Astrid. Aprendieron juntos a gestionar la información, a encontrar el ritmo, a no dejar nada atrás.
Hoy, en la UDEA, la historia es distinta. La universidad respondió con el soporte necesario, y ese acompañamiento institucional, sumado a los años de trabajo previo entre Miguel y Astrid, hace que el proceso sea sólido. El material llega, la teoría tiene sentido, y Miguel siente que está aprendiendo a la altura de lo que siempre fue capaz.
Para Miguel, la calidad del intérprete es clave: «La conexión es muy importante. Astrid me transmite los conocimientos del profesor, pero para eso ella también tiene que entenderlos. Si no entiende lo que explica el profesor, ¿cómo me lo traduce a mí?»
Astrid define su labor como un acompañamiento pedagógico integral. «No es solo traducir, es interpretar, enseñar, acompañar y congeniar con la persona sorda.» Y va más allá: «Si no se les da la mano con responsabilidad, estamos condenados a repetir años de dejarlos de lado. Y eso es negar un derecho humano básico: el acceso a la educación.»
Miguel es bilingüe: se comunica en LSP y en español escrito, sin haber aprendido jamás a modular. Para él, eso no es una limitación, es una identidad. Y desde ahí, tiene un mensaje para otros jóvenes sordos que sueñan con la universidad:
«No se desanimen. Ahora hay una ley que nos protege. Sueñen en grande, busquen una estrategia, luchen por sus derechos. El camino siempre es difícil, siempre hay barreras, pero la recompensa es mucho más grande.»
El caso de Miguel no es solo un logro personal: es el reflejo de lo que una institución puede lograr cuando toma en serio su compromiso con la diversidad. Contratar una intérprete calificada, garantizar un acompañamiento continuo y reconocer la LSP como lengua materna legítima son pasos concretos que la UDEA está dando.
Porque cuando las instituciones cumplen su parte, personas como Miguel demuestran que el único límite real era la falta de oportunidades.



