
UDEA y el Centro Internacional de la Papa unen esfuerzos para transformar la agricultura altoandina con papas biofortificadas en Pongos Grande
La alianza entre ambas instituciones busca fortalecer la seguridad alimentaria y reducir la anemia y la desnutrición en comunidades altoandinas de la región Huancavelica.

La Universidad para el Desarrollo Andino (UDEA), a través de su Escuela Profesional de Ciencias Agrarias, da un paso firme hacia el futuro de la agricultura andina. En alianza estratégica con el Centro Internacional de la Papa (CIP) —organismo científico de referencia mundial con sede en Lima y presencia en más de 20 países— la UDEA viene implementando parcelas demostrativas de papas biofortificadas en la comunidad de Pongos Grande, en el distrito de Ccochaccasa, provincia de Angaraes, región Huancavelica.
Una papa con propósito: Kallpa Yauri y Puka Yauri llegan a Pongos Grande
Las variedades seleccionadas para esta experiencia —Kallpa Yawri («fuerza del metal», en quechua) y Puka Yawri («metal rojo»)— no son papas ordinarias. Desarrolladas mediante años de investigación científica por el CIP, estas variedades han sido diseñadas para crecer en condiciones de altura y clima adverso, características propias de las comunidades altoandinas, y contienen niveles significativamente más altos de hierro, zinc y antioxidantes que las variedades tradicionales.
En un país donde la anemia afecta a más del 40% de los niños menores de tres años (INEI, 2023) y donde la desnutrición crónica sigue siendo una deuda pendiente con las zonas rurales, introducir alimentos naturalmente enriquecidos en los sistemas productivos locales representa una solución de fondo: sostenible, culturalmente pertinente y económicamente viable para el agricultor andino.
Ciencia que llega al campo: el modelo de parcelas demostrativas
Lejos de limitarse a la transferencia tecnológica unidireccional, el proyecto adoptó desde sus inicios un enfoque participativo que coloca al agricultor en el centro de la experiencia. Las parcelas demostrativas instaladas en Pongos Grande funcionan como espacios vivos de aprendizaje, donde los propios productores de la comunidad participan activamente en las labores culturales: preparación del suelo, siembra, manejo del cultivo y seguimiento agronómico.

Este modelo —que combina el rigor técnico del CIP con el conocimiento territorial de los agricultores locales— busca garantizar que la adopción de estas variedades no sea impuesta desde afuera, sino apropiada desde adentro, respondiendo a las lógicas productivas, culturales y económicas de la comunidad.
Un programa integral: del campo a la mesa
El proyecto va mucho más allá de la instalación de parcelas. La UDEA y el CIP han diseñado un programa de acompañamiento que abarca todas las etapas del proceso productivo: desde la capacitación en manejo agronómico y la selección de semilla, hasta la cosecha, postcosecha y evaluación de rendimiento. A ello se suman talleres de nutrición dirigidos a las familias de la comunidad, con el objetivo de promover la adopción y el consumo de las papas biofortificadas en la dieta cotidiana.

Una alianza que marca precedente
«Nuestro compromiso es que la investigación agraria llegue al campo y se traduzca en mejoras reales para las familias. La alianza UDEA–CIP nos permite acercar materiales genéticos de alto valor nutricional y metodologías innovadoras que benefician directamente a nuestros pequeños agricultores», destacó un representante de la institución.
La relación entre la UDEA y el CIP representa un modelo de colaboración interinstitucional que merece ser replicado: una universidad de la región andina comprometida con su territorio, articulada con un centro de investigación de clase mundial, trabajando hombro a hombro con las comunidades a las que se debe. Esta unión no solo potencia los resultados del proyecto, sino que fortalece las capacidades locales y abre la puerta a nuevas líneas de investigación aplicada en el contexto andino.
UDEA: universidad con vocación de territorio
Con este proyecto, la UDEA reafirma su compromiso con el desarrollo rural sostenible y su capacidad para articular esfuerzos con instituciones científicas de primer nivel como el CIP.
La experiencia en Pongos Grande demuestra que es posible tender puentes reales entre la investigación aplicada y las necesidades concretas de las comunidades campesinas, aportando soluciones prácticas frente a problemas estructurales como la desnutrición y la inseguridad alimentaria en zonas altoandinas.



