
En Soccllabamba, la cosecha de Pongos Grande se convirtió en alimento para la niñez altoandina
A más de 4,400 metros de altura, donde la tierra apenas permite sembrar, un grupo de niñas y niños recibió algo que su geografía les niega todos los días: papas y hortalizas frescas, cultivadas por manos que también son de la universidad.

La Escuela Profesional de Ciencias Agrarias de la UDEA hizo entrega de papas biofortificadas y hortalizas a la Institución Educativa Inicial N.° 871 y a la Institución Educativa N.° 22124 de la comunidad de Soccllabamba, en una jornada que unió investigación agraria y necesidad real de una comunidad altoandina.
Los productos entregados son resultado directo del proyecto de investigación desarrollado semanas atrás en la comunidad de Pongos Grande, donde nuestros estudiantes y docentes cosecharon papa biofortificada junto a productores locales. De esa cosecha, el 30% de la producción fue destinado específicamente a las instituciones educativas de Soccllabamba, con el objetivo de contribuir a la alimentación y nutrición de sus estudiantes.
Soccllabamba, ubicada a más de 4,400 m.s.n.m., sus condiciones geográficas y climáticas limitan de forma significativa el cultivo de papa y de otros productos agrícolas, razón por la cual sus familias se dedican principalmente a la ganadería. En un territorio donde sembrar es casi un privilegio, recibir papa biofortificada (con mayor contenido de hierro y zinc) y hortalizas cultivadas en los campos experimentales de la Escuela representa un aporte concreto a la alimentación de los estudiantes, en una zona donde las opciones nutritivas son escasas.

Para el equipo de investigación, liderado por la Ing. Magdalena Huamán Arango junto al co-investigador Rubén Tito de la Cruz, esta entrega es también la comprobación de que la investigación agraria cumple su propósito más importante cuando trasciende el campo experimental y llega a quienes más lo necesitan.
La respuesta de los estudiantes de Soccllabamba fue la mejor evidencia de ello: recibieron los alimentos con alegría y gratitud, en un gesto que, para la Escuela Profesional de Ciencias Agrarias de la UDEA, representa mucho más que una entrega de productos. Es una muestra de solidaridad y de compromiso con el desarrollo rural, la seguridad alimentaria y la mejora de la calidad de vida de las comunidades altoandinas.



